¿China es capitalista o socialista? El verdadero poder detrás de su economía

Por: Erick Gutiérrez


China tiene multimillonarios, empresas privadas, mercados financieros y grandes corporaciones que compiten por el mundo y, para algunos, eso basta para sentenciar que es capitalista, pero esa es una manera muy simplista de analizar un sistema económico al contar empresarios y olvidarse de quién tiene realmente el poder, porque la pregunta fundamental no es cuántas empresas privadas existen, sino quién controla las decisiones estratégicas, quién determina el destino de las inversiones y hacia dónde se orienta la riqueza producida.

Confundir mercado con capitalismo, o propiedad privada con hegemonía del capital, es un error conceptual que impide comprender uno de los fenómenos económicos más importantes de nuestro tiempo: el socialismo con características chinas.

Tener capitalistas no significa que gobiernen los capitalistas


En el capitalismo, el capital privado ocupa una posición predominante en las relaciones de producción y en las decisiones de acumulación, el Estado puede regular, intervenir e incluso participar directamente en actividades económicas, pero eso no significa que haya desplazado al capital como fuerza organizadora del sistema, pero China presenta una estructura diferente.

El Estado controla áreas estratégicas, dispone de instrumentos financieros decisivos, participa en actividades empresariales y establece las grandes prioridades nacionales de inversión y desarrollo, mientras que los empresarios privados pueden producir, comercializar, acumular riqueza y obtener beneficios, pero sus decisiones operan dentro de una estrategia económica definida por autoridades que conservan instrumentos para promover determinadas actividades, restringir otras y orientar recursos hacia objetivos nacionales.

Y esa es la distinción fundamental, porque no es lo mismo permitir la acumulación privada de capital que entregar al capital privado el control estratégico de la economía.

Una Constitución que establece quién dirige


La naturaleza institucional del sistema chino no es ningún misterio, el artículo 6 de su Constitución establece que la propiedad pública de los medios de producción constituye el fundamento del sistema económico socialista, el artículo 7 reconoce al sector estatal como fuerza dirigente de la economía nacional y, por su parte, el artículo 11 incorpora expresamente las actividades privadas dentro de la economía socialista de mercado y establece que el Estado debe orientarlas, supervisarlas y regularlas conforme a la ley.

Es decir, la participación privada no constituye una contradicción inadvertida del sistema chino sino que forma parte de su diseño institucional.

La Ley de Promoción de la Economía Privada, vigente desde mayo de 2025, confirma esa estructura porque protege los derechos patrimoniales y la autonomía empresarial, pero establece que el desarrollo de la economía privada debe mantenerse dentro de la orientación política del socialismo con características chinas y así el mensaje institucional es que la propiedad privada está reconocida, pero no se le atribuye la conducción del desarrollo nacional.

El XV Plan Quinquenal: la prueba está en quién decide el rumbo


Para comprender cómo funciona esa dirección estatal, basta examinar el XV Plan Quinquenal de China, correspondiente al periodo 2026-2030, aprobado en marzo de 2026.

No es una declaración ideológica destinada a adornar discursos oficiales, es un instrumento nacional de planificación que establece prioridades económicas, industriales, tecnológicas, financieras y sociales, acompañado de mecanismos para orientar su cumplimiento.

El documento dispone fortalecer las empresas y el capital estatales, concentrando recursos en sectores vinculados con la seguridad nacional, áreas fundamentales de la economía, servicios públicos e industrias emergentes estratégicas, pero contiene algo igualmente revelador y es que contempla mecanismos para incorporar a empresas privadas a proyectos de importancia nacional y facilitar su participación en infraestructura, investigación tecnológica e innovación y, de esta manera, el Estado establece prioridades de desarrollo y moviliza recursos públicos y privados para alcanzarlas.

El plan también incluye inversiones y objetivos relacionados con semiconductores, inteligencia artificial, infraestructura energética, investigación científica y modernización industrial y, significativamente, contempla incrementar los recursos públicos destinados al bienestar social, mejorar la protección social y fortalecer servicios relacionados con salud, educación, cuidados y atención a las personas mayores.

La planificación no significa que cada decisión empresarial sea dictada directamente desde Pekín, significa algo económicamente más profundo, que las autoridades disponen de mecanismos institucionales y materiales para orientar el desarrollo nacional y hacer prevalecer determinadas prioridades públicas sobre intereses empresariales particulares y, en una economía donde los propietarios privados tuvieran la última palabra sobre todas las decisiones estratégicas, semejante subordinación no operaría de la misma manera.

El engañoso argumento del PIB privado


Uno de los argumentos más repetidos para calificar a China como capitalista consiste en señalar que su sector privado aporta más del 60 % del PIB y aproximadamente el 80 % del empleo urbano, según cifras oficiales difundidas en 2025.

Los datos son importantes, pero la conclusión que algunos extraen de ellos no se sostiene porque esos porcentajes indican cuánto produce el sector privado y cuánto empleo genera, pero no indican quién determina las prioridades fundamentales de inversión ni quién controla los instrumentos estratégicos de la economía y confundir participación productiva con poder económico es como afirmar que los contratistas de una gran obra deciden necesariamente su finalidad porque realizan la mayor parte de los trabajos.

El Estado chino conserva un peso determinante en sectores como la banca, la energía y las grandes infraestructuras y también dispone de fondos de inversión, participación accionaria, instrumentos tributarios, regulación y políticas industriales para influir en las decisiones privadas.

Un estudio del Fondo Monetario Internacional publicado en 2025 estimó que los apoyos de la política industrial china representaron un costo fiscal equivalente al 4.4 % del PIB en 2023, esto demuestra la magnitud de los recursos movilizados deliberadamente para orientar actividades productivas y por tanto, el volumen de la actividad privada no demuestra, por sí mismo, que los empresarios controlen el rumbo económico nacional.

La riqueza no solamente se produce, también se orienta


Aquí encontramos otra cuestión decisiva: la apropiación y el destino del excedente económico.

Una empresa privada china puede generar ganancias que legalmente pertenecen a sus propietarios, sin embargo, esos propietarios no controlan las condiciones generales de acumulación porque el Estado puede intervenir mediante impuestos, financiamiento, regulaciones, inversión pública y políticas sectoriales para orientar recursos hacia objetivos determinados, además de que, cuando participa accionariamente en empresas, dispone de derechos económicos y mecanismos adicionales de influencia, cuyo alcance depende de su participación y de las normas aplicables.

Por ello, el análisis del excedente no puede agotarse en averiguar quién recibe las ganancias de cada compañía, también debe examinar cómo se movilizan los recursos económicos del conjunto del país y qué necesidades se busca satisfacer.

Y los resultados chinos son extraordinariamente relevantes pues, según el Banco Mundial, durante aproximadamente cuatro décadas, hasta 2020, cerca de 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema, medida con el umbral internacional de 1.90 dólares diarios utilizado en el estudio de 2022 y el organismo identificó como factores centrales tanto la transformación productiva como las políticas públicas deliberadas de infraestructura, desarrollo territorial y combate a la pobreza.

Pero la reducción de la pobreza no fue únicamente un resultado espontáneo del crecimiento económico, estuvo acompañada de una intervención estatal organizada para alcanzarla.

Desde luego, China conserva desigualdades sociales, diferencias regionales y contradicciones laborales, pero reconocerlas no borra la magnitud de sus transformaciones ni permite ignorar la función de las políticas públicas y tampoco debemos confundir esos resultados con la demostración de que cada ganancia privada se redistribuye socialmente, lo que muestran es que la dirección económica estatal ha contribuido a una transformación social de una escala histórica excepcional.

Lenin ya había planteado el problema hace más de un siglo


La coexistencia de mecanismos de mercado con un proyecto político socialista no es una invención china, en 1921, Lenin impulsó la Nueva Política Económica, conocida como NEP, que permitió actividades comerciales, empresas privadas y determinadas formas de acumulación para reconstruir la economía soviética después de la guerra civil.

Lenin reconocía que tales mecanismos incorporaban relaciones capitalistas, pero su utilización no implicaba necesariamente renunciar al proyecto socialista ni entregar a los propietarios privados el control del poder soviético y, aunque las diferencias entre aquella experiencia y la China contemporánea son enormes, la lección teórica resulta pertinente ya que utilizar mecanismos capitalistas no equivale automáticamente a convertir el capitalismo en el principio rector de todo un sistema económico.

Marx tampoco redujo el capitalismo a la mera existencia de comerciantes o propietarios individuales, su análisis comprendía las relaciones sociales de producción, la apropiación del excedente, la acumulación y el poder de clase y es, precisamente por ello, que el debate sobre China exige examinar tanto la dirección del desarrollo como las relaciones laborales y de propiedad que subsisten en su economía.

Entonces, ¿China es capitalista o socialista?


La respuesta depende, en parte, de qué entendamos por la naturaleza de un sistema económico porque, para quienes consideran determinante la persistencia del trabajo asalariado, la propiedad privada de empresas y la apropiación particular de plusvalía, China presenta relaciones capitalistas de gran importancia e incluso algunas corrientes marxistas la caracterizan, por ello, como capitalismo de Estado.

Pero desde una interpretación del socialismo que concede especial importancia a la propiedad pública estratégica, la planificación nacional y la capacidad del Estado para subordinar la acumulación privada a objetivos colectivos, China ofrece fundamentos para caracterizarla como una economía socialista de mercado, con contradicciones y mecanismos capitalistas en su interior.

La diferencia entre ambas interpretaciones no se resuelve contando multimillonarios ni sumando la producción de las empresas privadas, se resuelve examinando las relaciones de poder económico y social que estructuran el sistema y los instrumentos institucionales de China muestran que el capital privado, por importante que sea, no dispone de la conducción estratégica de la economía nacional.

La transformación productiva, la reducción histórica de la pobreza y la planificación del desarrollo constituyen elementos centrales de una interpretación socialista de su modelo, aunque la existencia de desigualdades y relaciones capitalistas siga alimentando un debate marxista legítimo, porque la pregunta verdaderamente importante no es si China tiene capitalistas, que los tiene, la pregunta es si esos capitalistas gobiernan el destino económico de China.

Y quien pretenda resolver semejante cuestión mostrando fotografías de multimillonarios chinos, sin analizar la propiedad pública, la planificación económica y los mecanismos de dirección estatal, no estará explicando la naturaleza de su sistema económico, estará confundiendo la presencia del capital con el poder del capital.


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¡Muchas gracias!


Fuentes: 

1. XV Plan Quinquenal de China (2026-2030)

Gobierno de China. Texto oficial publicado el 13 de marzo de 2026. Establece prioridades industriales, inversiones estratégicas, participación privada y objetivos de bienestar social.

Consultar documento oficial · Versión publicada por el Ministerio de Educación big5.www.gov.cn

2. Constitución de la República Popular China

Artículos 6, 7, 11 y 15. Fundamentan la propiedad pública, el papel dirigente del sector estatal y la economía socialista de mercado.

Consultar Constitución Gobierno de China

3. Ley de Promoción de la Economía Privada de China

Aprobada el 30 de abril de 2025 y vigente desde el 20 de mayo de ese año. Reconoce derechos privados y establece su desarrollo dentro del marco institucional socialista chino.

Consultar texto legal 国家统计局

4. Fondo Monetario Internacional — Política industrial en China

Industrial Policy in China: Quantification and Impact on Misallocation. Daniel Garcia-Macia, Siddharth Kothari y Yifan Tao. Agosto de 2025.

Estima instrumentos de política industrial equivalentes al 4.4 % del PIB en 2023. Los autores también identifican costos de eficiencia, por lo que no presentan esas intervenciones como beneficiosas en todos los casos.

Consultar investigación del FMI eLibrary

5. Banco Mundial — Reducción de la pobreza en China

Four Decades of Poverty Reduction in China. Abril de 2022.

Documenta la salida de cerca de 800 millones de personas de la pobreza extrema y analiza la contribución del crecimiento económico y las políticas públicas.

Consultar informe del Banco Mundial World Bank

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