Sheinbaum en el Zócalo: la soberanía también se construye con bienestar.
Claudia Sheinbaum cerró el 27 de septiembre su gira de rendición de cuentas en el Zócalo capitalino, después de haber recorrido las 31 entidades restantes y, según informó, cerca de 850 mil personas asistieron al conjunto de asambleas y la cifra habla de convocatoria, pero la relevancia política del acto está en que la presidenta presentó la soberanía, la justicia social y los derechos como partes de un mismo proyecto de país.
El discurso tuvo una arquitectura deliberada, comenzó en la Independencia, pasó por las reformas constitucionales y terminó en pensiones, hospitales, transporte y agua para la Ciudad de México, así que no fue un inventario improvisado de obras, fue un intento de explicar para qué debe servir el poder público.
La historia como argumento político.
El cierre coincidió con el aniversario 205 de la consumación de la Independencia y, por eso, Sheinbaum recuperó a Hidalgo y Morelos para recordar que la insurgencia no se limitó a separarse de España, sino que también planteó abolir la esclavitud, combatir las jerarquías de castas y moderar la opulencia y la indigencia y, desde esa lectura, sostuvo que la soberanía pertenece al pueblo y que ninguna potencia ni élite tiene derecho a decidir el futuro de México.
Hay una tesis de izquierda reconocible en esa secuencia en la que un país puede tener bandera, himno y fronteras, y aun así dejar decisiones fundamentales en manos de intereses ajenos a la mayoría, porque la independencia política pierde sustancia si la salud, la educación o la vejez digna dependen exclusivamente de la capacidad de pago, porque la soberanía también se ejerce cuando el Estado garantiza condiciones materiales para vivir con libertad.
La historia, desde luego, no reemplaza la evaluación de un gobierno, pero sirve para entender qué valores dice defender y para exigirle congruencia con ellos y ahí está la fuerza, y la exigencia, del planteamiento presidencial.
Soberanía ante Washington, sin subordinación.
Sheinbaum rechazó las injerencias, el intervencionismo y cualquier violación a la integridad territorial y no necesitó pronunciar el nombre de Donald Trump para que el contexto fuera evidente, pues días antes, el presidente estadounidense había vuelto a señalar a México ante la ONU por la violencia de los cárteles, así que, leer el mensaje del Zócalo como una respuesta política es razonable, pero atribuirle una confrontación verbal directa que no formuló sería impreciso.
Defender la soberanía no equivale a negar los problemas nacionales, porque México tiene la obligación de investigar delitos, perseguir redes criminales y exigir responsabilidades a sus funcionarios, pero Estados Unidos, por su parte, no puede presentarse como espectador inocente mientras el consumo de drogas, el tráfico de armas y el lavado de dinero forman parte del problema que dice querer resolver, la cooperación es necesaria, pero la tutela extranjera, no.
La presidenta vinculó esa posición con cambios constitucionales contra la injerencia y con el carácter público de Pemex y la CFE que son decisiones de política interna con una dimensión externa porque conservan instrumentos del Estado en sectores estratégicos, aunque su valor final dependerá de cómo se administren y de los resultados que entreguen, no sólo de su definición jurídica.
Derechos sociales: del discurso al presupuesto.
En la parte dedicada a la capital, Sheinbaum informó que 1 millón 377 mil 198 personas adultas mayores reciben pensión, 321 mil 684 mujeres de 60 a 64 años, la Pensión Mujeres Bienestar, 389 mil 305 estudiantes de preparatoria pública, una beca y 312 mil 885 estudiantes de secundaria pública, la Beca Rita Cetina y reportó además que, al cierre de 2026, la inversión en programas de bienestar de la Ciudad de México habrá sido de 70 mil 258 millones de pesos para tres millones de derechohabientes.
La presidenta mencionó hospitales concluidos, otros en construcción, 804 consultorios del IMSS Bienestar en proceso de puesta en marcha y cerca de 60 mil millones de pesos en diversas obras para la ciudad, habló del Metro, el Cablebús, los trenes hacia Pachuca y Querétaro y proyectos de agua, pero aquí conviene respetar los tiempos verbales porque una obra terminada, una obra en construcción y un servicio anunciado son etapas distintas y confundirlas no fortalece ningún balance, el resultado llegará cuando la atención, el traslado o el abasto mejoren de forma comprobable.
Reformas y continuidad: el alcance real del balance.
Sheinbaum presentó los cambios constitucionales como parte de una nueva etapa de la Cuarta Transformación con derechos sociales, reconocimiento de pueblos indígenas y afromexicanos, igualdad sustantiva de las mujeres, límites al nepotismo y avances hacia la jornada laboral de 40 horas, la Presidencia ha contabilizado 27 reformas constitucionales y 76 legales en el periodo legislativo iniciado en septiembre de 2024, pero ese recuento incluye cambios aprobados en el tramo final del gobierno de López Obrador, por lo que corresponde, por tanto, al ciclo político de la transformación y no exclusivamente a iniciativas nacidas bajo Sheinbaum.
En ese marco también mencionó la propuesta para exigir que quien aspire a la Presidencia, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno no conserve otra nacionalidad, que no es una prohibición general de la doble nacionalidad para los mexicanos como pretende hacer creer la oposición, se refiere a determinados cargos ejecutivos y seguía su trámite legislativo al momento del discurso, así que se puede discutir su conveniencia y proporcionalidad sin deformar su alcance.
El mensaje fue, además, una afirmación de continuidad con Andrés Manuel López Obrador y de liderazgo propio, Sheinbaum no se presentó como administradora de una herencia congelada, defendió una dirección política y la vinculó con decisiones tomadas durante su presidencia y esa combinación explica buena parte de la fuerza del acto.
La plaza pública abre las cuentas, no las cierra.
Que una presidenta comparezca ante plazas de todo el país tiene valor democrático porque permite exponer prioridades, escuchar demandas y someterse al juicio político de la gente, pero una asamblea multitudinaria no sustituye indicadores verificables, auditorías ni servicios que funcionen pues la rendición de cuentas empieza al decir qué se hizo y continúa al demostrar qué cambió.
Mi valoración es clara: el discurso acertó al unir soberanía con bienestar, pero la defensa de México frente a presiones externas gana fuerza cuando se apoya en derechos, presupuesto e instituciones públicas y las políticas sociales adquieren sentido histórico cuando amplían la libertad real de las personas y el desafío del tercer año será convertir cada compromiso en resultados cotidianos, pero exigencia no debilita al proyecto, es la forma más seria de defenderlo.
Fuentes: Versión estenográfica de Presidencia · Reproducción íntegra del discurso · Balance oficial de reformas · Alcance de la iniciativa sobre doble nacionalidad

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