Morena y la lección latinoamericana: el riesgo de perder el rumbo


Por Erick Gutiérrez | 17 de octubre de 2026


La derecha latinoamericana ha aprendido una lección que la izquierda no debería ignorar y es que no siempre necesita derrotar ideológicamente a sus adversarios para recuperar el poder, en ocasiones le basta con esperar a que las expectativas incumplidas, los errores políticos y las contradicciones internas erosionen la confianza de quienes alguna vez depositaron sus esperanzas en un proyecto de transformación.

Lo verdaderamente preocupante es que ese desgaste puede comenzar mucho antes de que un gobierno fracase, puede empezar cuando los partidos de izquierda, obsesionados con ganar elecciones, colocan sus estructuras y candidaturas en manos de personajes cuya trayectoria, compromisos o decisiones despiertan dudas sobre su identificación con el proyecto que dicen representar y lo que está ocurriendo en Nuevo León debería encender algunas luces de advertencia dentro de Morena.

Las lecciones que llegan del sur


Argentina, Chile y Bolivia ofrecen experiencias distintas, pero comparten una enseñanza política, que el respaldo popular no es un patrimonio permanente de ningún movimiento.

En Argentina, la crisis económica y el desprestigio del gobierno peronista precedieron al triunfo de Javier Milei en 2023, en Chile, José Antonio Kast obtuvo el 58.17% de los votos válidos en la segunda vuelta de diciembre de 2025, después del gobierno de Gabriel Boric, en Bolivia, las fracturas del Movimiento al Socialismo y la crisis económica acompañaron el fin de su prolongado ciclo presidencial, con el triunfo de Rodrigo Paz en octubre de 2025.

No son historias idénticas ni constituyen pruebas de que la derecha inevitablemente suceda a la izquierda, pero sí dejan la advertencia de que las conquistas sociales y electorales necesitan instituciones, gobiernos y liderazgos capaces de sostenerlas, porque cuando las expectativas populares se frustran, las fuerzas opositoras encuentran oportunidades para ampliar sus apoyos y cuanto mayor fue la esperanza depositada en un proyecto, más profunda puede resultar la decepción, México no está condenado a recorrer ese camino, pero es precisamente por eso conviene estudiarlo.

Nuevo León: una señal que Morena debería escuchar


El 28 de septiembre, Morena designó a Clara Luz Flores como coordinadora estatal de Defensa de la Transformación en Nuevo León, rumbo a las elecciones de 2027, el problema es que la decisión no produjo solamente la inconformidad habitual de quienes quedan fuera de un proceso interno, sino que desató cuestionamientos sobre los criterios de selección, la trayectoria de la designada, sus niveles de aceptación y la congruencia de su perfil con los principios del movimiento.

Y hay antecedentes concretos, pues recordemos que en las elecciones de 2021, Clara Luz Flores obtuvo 300,588 votos, equivalentes al 14.03% de la votación, y terminó en cuarto lugar y que, durante aquella campaña, enfrentó una controversia por haber negado conocer a Keith Raniere, fundador de NXIVM, antes de que se difundiera un video en el que aparecía conversando con él.

Aquella contradicción no implica responsabilidad alguna por los delitos cometidos por Raniere, pero sí constituye un antecedente verificable en una discusión sobre credibilidad pública y cinco años después, el debate vuelve a colocar la confianza en el centro.

Diversas publicaciones encontraron que siete encuestas anteriores al nombramiento no situaban a Flores en el primer lugar de las preferencias entre los aspirantes, esto no demuestra irregularidades en el procedimiento oficial, pero plantea una exigencia razonable para explicar con transparencia la metodología y los criterios de la decisión.

Tampoco puede afirmarse, sin comparar mediciones equivalentes, que toda la caída en el respaldo electoral señalada por sus críticos sea consecuencia exclusiva de su designación, pero lo que sí es comprobable es que el nombramiento abrió una controversia importante dentro del movimiento y esa controversia merece algo más que llamados a la disciplina.

Cuando la inconformidad se convierte en una discusión de principios


Tatiana Clouthier asumió una posición especialmente visible cuando, tras el nombramiento, anunció el movimiento Todos con Conciencia y cuestionó públicamente la congruencia de la designación con los principios de honestidad e integridad que Morena reivindica.

Posteriormente se sumaron a los cuestionamientos Andrés Mijes, Waldo Fernández y Judith Díaz y, entre los asuntos planteados, figuran las dudas sobre el procedimiento, la competitividad electoral y la posible participación de Karina Barrón en el equipo de Clara Luz, cuya incorporación fue objeto de una solicitud pública de aclaración.

No es válido ni razonable dar por demostradas todas las acusaciones ni confundir una disputa interna con una sentencia política, pero tampoco sería razonable reducir los cuestionamientos a simples inconformidades personales porque cuando dirigentes con trayectorias y bases políticas diferentes coinciden en expresar preocupación por una designación, existe un conflicto que requiere respuestas institucionales.

La disciplina puede mantener unidas temporalmente las estructuras de un partido, pero lo que no puede hacer es fabricar confianza donde esta se ha deteriorado.

Ganar elecciones no equivale necesariamente a transformar


Y este es el problema de fondo porque Morena se convirtió en una fuerza nacional mediante una amplia coalición política y social, su crecimiento incorporó militantes históricos de izquierda, ciudadanos sin experiencia partidista y personajes provenientes de prácticamente todas las fuerzas políticas y esa amplitud contribuyó a sus triunfos y no debe confundirse automáticamente con una renuncia a sus principios.

El origen partidista de una persona tampoco determina, por sí solo, su congruencia, pues hay políticos capaces de modificar genuinamente sus convicciones y militantes de larga trayectoria cuyas decisiones pueden contradecir los compromisos que públicamente defienden.

El criterio verdaderamente importante es determinar qué principios se comprometen a defender quienes reciben una candidatura y qué mecanismos existen para exigirles que los cumplan, porque una cosa es construir una mayoría electoral plural y otra muy diferente permitir que la búsqueda de votos sustituya la evaluación de trayectorias, compromisos, honestidad y capacidad de gobierno, porque la primera puede fortalecer un proyecto de transformación, pero la segunda puede vaciarlo de contenido.

Y cuando la ciudadanía deja de encontrar correspondencia entre lo que un movimiento promete y lo que sus representantes hacen, comienza a debilitarse el vínculo político que sostiene su respaldo.

La advertencia es para Morena, no contra Morena


Sería injusto ignorar los avances sociales del proyecto iniciado en 2018, particularmente en materia salarial, programas sociales y recuperación de una política pública que coloca a los sectores populares entre sus prioridades, pero también sería un error creer que esos avances garantizan por sí solos la continuidad del respaldo ciudadano.

La experiencia latinoamericana demuestra que los logros de un periodo no eliminan las exigencias del siguiente porque las sociedades cambian, las expectativas crecen y los adversarios políticos aprovechan las contradicciones de quienes gobiernan y por eso la discusión no debería consistir en determinar quién posee la credencial ideológica más antigua, sino en establecer si Morena cuenta con procedimientos capaces de seleccionar representantes que compartan y materialicen sus compromisos.

El debate de Nuevo León plantea una oportunidad para revisar esos mecanismos, transparentar decisiones, escuchar a la militancia y recuperar la confianza de quienes expresan inquietudes legítimas.

No se trata de condenar a Clara Luz Flores de antemano ni de convertir a sus críticos en propietarios exclusivos de los principios del movimiento, se trata de reconocer que las candidaturas no son solamente instrumentos para obtener votos, son compromisos políticos ante la sociedad y esos compromisos deben ser exigibles.

La transformación también debe cuidarse desde dentro


La historia latinoamericana no ofrece recetas infalibles, pero sí demuestra que ningún proyecto político puede considerar irreversible su respaldo popular.

Morena conserva una presencia nacional considerable y ha construido una base social que explica buena parte de su fuerza y es precisamente por esa responsabilidad histórica que sus decisiones internas merecen un escrutinio proporcional a su importancia.

Cuestionarlas con argumentos no equivale a abandonar el proyecto, puede ser, por el contrario, una forma legítima de defender los compromisos que le dieron origen porque la transformación no depende de la permanencia de determinadas siglas en el poder, sino de que las políticas, las instituciones y las personas que gobiernan mantengan una relación reconocible con los objetivos que llevaron a millones de mexicanos a respaldarlas.

La derecha puede aprovechar los errores de la izquierda y, por eso, lo peor que puede hacer la izquierda es ignorar sus propios errores bajo el argumento de que señalarlos favorece a la derecha.

La lección no consiste en temer la alternancia democrática, sino en comprender las razones por las cuales los proyectos que despiertan grandes esperanzas pueden terminar perdiendo la confianza de la sociedad.

Y si algo enseña la experiencia latinoamericana es que resulta mucho más difícil reconstruir la credibilidad perdida que escuchar, a tiempo, las advertencias de quienes todavía creen en el proyecto.

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Fuentes: 

Comisión Estatal Electoral de Nuevo León: resultados oficiales de 2021. Confirma los 300,588 votos y el 14.03% de Clara Luz.


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