Tlatelolco, Díaz Ordaz y la CIA: la soberanía traicionada
Por Erick Gutiérrez · 2 de octubre de 2026
A 58 años de la matanza de Tlatelolco, los documentos sobre la CIA exhiben una de las obscenidades del régimen priista: Gustavo Díaz Ordaz denunciaba conspiraciones extranjeras mientras su gobierno colaboraba clandestinamente con la inteligencia estadounidense para combatir a la izquierda mexicana y así, soberanía tenía tribuna mientras que la cooperación represiva, tenía una puerta trasera.
Las investigaciones del National Security Archive, permiten mirar el 2 de octubre de 1968 dentro de una relación más amplia, donde encontramos vigilancia política, respaldo a organizaciones anticomunistas y fortalecimiento de los servicios de seguridad, una relación que ayuda a entender también la posterior guerra sucia y la indignación tiene fundamento documental. [1]
Díaz Ordaz y la CIA: el nacionalismo con doble fondo
La investigación publicada el 1 de octubre de 2026 amplía lo conocido sobre las operaciones estadounidenses en México y denuncia archivos todavía censurados, aunque los vínculos presidenciales se conocen desde hace años, pues en 2006, el National Security Archive publicó documentación sobre LITEMPO, el canal clandestino de información entre la CIA y altos funcionarios mexicanos, pero las nuevas revelaciones profundizan una historia que el secreto sigue impidiendo reconstruir por completo. [2][3]
Díaz Ordaz aparecía identificado como LITEMPO-2, Fernando Gutiérrez Barrios, como LITEMPO-4, y Luis Echeverría, como LITEMPO-8, pero la cooperación alcanzaba la cúspide del Estado, y así, el hombre que buscaba agentes extranjeros entre los estudiantes era, él mismo, informante de una agencia extranjera. [3]
Los expedientes también documentan remuneraciones dentro de LITEMPO e inferir que Díaz Ordaz pudo recibirlas resulta razonable, aunque los registros consultados no individualizan su pago, pero esa distinción expresa el alcance de la evidencia y no disminuye el juicio político, porque la colaboración clandestina presidencial está documentada, independientemente de que aparezca su recibo, la dignidad nacional no se mide por el monto de una transferencia. [3]
Mi valoración es que existía una convergencia de intereses en donde Washington buscaba contener a la izquierda y la cúpula priista, preservar su dominio y con esto, el imperialismo encontraba interlocutores dispuestos a cooperar y el autoritarismo mexicano obtenía información y recursos, esa alianza podía funcionar sin que cada decisión represiva necesitara una orden estadounidense
MURO: dinero extranjero para hostigar a estudiantes
El expediente LIHUFF describe el respaldo de la CIA a MURO, la organización estudiantil de extrema derecha con unos 200 integrantes de choque y también registra el uso del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas como vehículo de propaganda anticomunista y apoyo político y así fue como ese instituto proporcionó los nombres de aproximadamente tres mil comunistas mexicanos. [4]
La intervención incluía influir en organizaciones y favorecer el hostigamiento de adversarios. En 1967, una evaluación interna cuestionó el costo político de fortalecer a MURO y su efecto polarizador y había plena conciencia dentro de la agencia sobre los métodos y consecuencias de ese respaldo. [4]
Otro registro de 1969 señala que la estación pagó 4,000 dólares a Gutiérrez Barrios para reunir estudiantes que se sumaran a una manifestación prevista por MURO frente a la embajada soviética, a una protesta contra la invasión de Checoslovaquia.
El escándalo político de que una autoridad de seguridad participaba en la movilización de estudiantes con recursos de la CIA, y todavía el régimen invocaba el orden público como si hubiera observado el conflicto desde una neutralidad inmaculada, la mano que alimentaba la confrontación también administraba el castigo.
Tlatelolco y la fabricación del enemigo interno
Un informe del Departamento de Estado del 6 de agosto de 1968 consideraba las protestas embarazosas para el gobierno, pero insuficientes para amenazar su estabilidad así como también reconocía que muchos participantes no estaban bajo control comunista y anticipaba que las autoridades seguirían enfatizando esa explicación para proteger su imagen. [5]
Ese documento permite cuestionar la coartada de una emergencia nacional, porque el régimen enfrentaba una protesta que desafiaba su autoridad y sus prácticas, así que presentarla como conspiración convertía demandas políticas en amenazas militares y la explicación anticomunista servía para desplazar la discusión porque, en lugar de responder a los ciudadanos, había que defender al país de ellos.
Después de la matanza, la estación de la CIA transmitió relatos provenientes de sus contactos gubernamentales que responsabilizaban a los estudiantes y la investigación de 2006 reconstruyó versiones contradictorias y afirmaciones sin corroboración suficiente, pero la cercanía con la cúpula priista contribuyó a que la versión de los responsables circulara en Washington como información de inteligencia. [3]
Hay aquí una responsabilidad política por valorar, y es el respaldo a capacidades de vigilancia y la transmisión de explicaciones que culpaban a las víctimas, porque la documentación disponible no acredita que la CIA ordenara la masacre o participara directamente en su ejecución, pero exigir una orden de disparar como única medida de responsabilidad dejaría fuera toda la cooperación que precedió a la violencia y ayudó a proteger el relato oficial. [1]
Díaz Ordaz y sus colaboradores conservaban decisiones, objetivos y responsabilidades propios, así que reconocer la injerencia estadounidense agrava el cuadro histórico y utilizarla para absolver al gobierno mexicano sería concederle una salida indecente.
Nazar Haro y la continuidad hacia la guerra sucia
La actualización de 2026 revela que la CIA patrocinó y subsidió la capacitación de Miguel Nazar Haro en Estados Unidos en 1965, a petición de Gutiérrez Barrios y también identifica al menos cinco proyectos relacionados con operaciones en el ámbito estudiantil a lo largo de dos décadas: LIHUFF, LICOAX, LIMIX, LIAGOG y LINOODLE. La cooperación tenía continuidad y diversos mecanismos. [2]
Un memorando de Anne Goodpasture de febrero de 1977 describía retrospectivamente a agentes de la DFS con quienes habían trabajado como violentos, venales y extorsionadores corruptos y registraba asimismo corrupción y dificultades en operaciones conjuntas de intervención telefónica y así, la propia memoria institucional de la agencia reconocía la naturaleza de sus socios. [6]
Y ese mismo aparato de seguridad actuó contra estudiantes, militantes y organizaciones de izquierda durante la guerra sucia, la documentación sobre los años setenta registra secuestros, tortura y asesinatos, además de la tolerancia estadounidense frente a graves abusos, la cooperación de inteligencia sobrevivió a la evidencia de la represión. [7]
La continuidad no significa que todos los episodios tuvieran idéntica dirección operativa, significa que se preservaron instituciones, relaciones y criterios que trataban la disidencia como un enemigo por neutralizar y por eso, Tlatelolco debe examinarse dentro de esa trayectoria, sin reducir la guerra sucia a una prolongación mecánica de una sola noche.
Washington sabía: los derechos humanos podían esperar
La investigación de Kate Doyle sobre la guerra sucia recoge el testimonio de Lawrence Sternfield, jefe de la estación de la CIA en México en 1977, quien reconoció que sabían de los abusos mexicanos, pero no los planteaban a sus interlocutores, incluso documentos diplomáticos de los años setenta muestran además conocimiento de torturas y posibles asesinatos de detenidos, junto con esfuerzos por minimizar o mantener reservada esa información. [7]
Y ahí aparece el doble rasero de la política estadounidense, cuando el lenguaje de los derechos humanos convivía con la conveniencia de sostener relaciones útiles. Mi juicio es que la vida de los perseguidos quedaba subordinada a prioridades estratégicas como estabilidad, cooperación y contención de la izquierda y la democracia podía pronunciarse en público mientras se toleraba la brutalidad del aliado en privado.
Echeverría llevó ese cinismo a otra escala. Una evaluación de la CIA de enero de 1971 le atribuyó una parte considerable de la responsabilidad por Tlatelolco y el Halconazo del 10 de junio de 1971, cometido por una organización paramilitar entrenada y armada por el gobierno mexicano, mostró la persistencia de la violencia contra el movimiento estudiantil. [8]
En 1975, Echeverría acusó cínicamente a estudiantes de estar manipulados por la CIA y aún peor es que un cable estadounidense registró que un emisario presidencial explicó después que la acusación respondía a una necesidad política, aunque reconocían que no había tal intervención en ese incidente, quien colaboraba con la agencia utilizaba su nombre para desacreditar a sus críticos, la impostura tenía despacho presidencial. [9]
A 58 años de Tlatelolco, el secreto sigue protegiendo al poder
La CIA mantiene censuradas casi diez páginas sobre operaciones contra grupos estudiantiles, además de pasajes relacionados con Nazar Haro y esos vacíos impiden establecer todo el alcance de su actuación y por eso, exigir su apertura es indispensable, porque atribuirles un contenido que todavía desconocemos debilitaría una denuncia que ya cuenta con pruebas suficientes. [2]
Pero lo documentado permite ya una condena firme: el gobierno de Díaz Ordaz colaboró clandestinamente con la inteligencia estadounidense mientras perseguía a la izquierda y denunciaba supuestas conspiraciones extranjeras, la CIA respaldó mecanismos de intervención política y mantuvo relaciones con un aparato represivo y la posterior tolerancia de Washington ante la guerra sucia completa una historia vergonzosa de conveniencia y complicidad.
La memoria de Tlatelolco exige señalar al régimen priista y a sus colaboradores externos, la política imperial estadounidense merece condena por sus actuaciones documentadas, Díaz Ordaz, por la brutalidad de su gobierno y la hipocresía de su nacionalismo porque ninguna consigna sobre estabilidad vuelve respetable la persecución de un pueblo.
A 58 años, persiste la indignación porque la verdad sigue incompleta y la impunidad sobrevivió a los responsables yes por eso que los archivos deben abrirse, porque las víctimas tienen derecho a saber y los gobiernos que cooperaron en su persecución no tienen derecho a administrar eternamente el secreto.
Fuentes documentales
- Sin Línea: nota del 2 de octubre de 2026
- National Security Archive: operaciones de la CIA en México, actualización del 1 de octubre de 2026
- LITEMPO: The CIA’s Eyes on Tlatelolco, 2006
- CIA: expediente LIHUFF, documentos desclasificados
- Departamento de Estado: informe del 6 de agosto de 1968
- CIA: memorando de Anne Goodpasture del 10 de febrero de 1977
- Human Rights and the Dirty War in Mexico, Kate Doyle, 2003
- Echeverría’s Legacy of “Co-opt and Control”, 2022
- Departamento de Estado: cable del 21 de marzo de 1975

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